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sábado, 22 de octubre de 2011

Bandera blanca


Amigo, abre los brazos que traigo bandera blanca, traigo la paz en las manos y éstas frases en mi garganta.
Que nadie cierre con llave la puerta de la esperanza, que en el mundo no haya puertas y si las hay que se abran. Y que se una la sierra con la orilla de la playa, fuera muros y murallas que el mundo tiene un sueño de esperanza, amor y paz y juntos podemos hacerlo realidad.

Abuelo, ¿que gana el hombre cuando una guerra se acaba? Y las casitas se rompen y ya no nos queda nada. Se gana el odio en el mundo y se pierde la esperanza por eso traigo hijo mío ésta banderita blanca.
Por todos los niños del mundo, alza tu bandera blanca que con amor todo se alcanza.

Abuelo, ¿porque no juntamos un poco y compramos la esperanza?
Hijo, la esperanza no se compra. Amando al otro se alcanza; dale manta al arrecío, al hambriento dale pan y ya veras hijo mío como en el mundo hay paz.

martes, 11 de octubre de 2011

Gabriel el taxista


Anoche no podía conciliar el sueño, eran las cuatro de la madrugada, estaba algo agobiada y decidí salir al balcón a tomar el aire. Con mi manta, un vasito de leche caliente y mi libreta en mano, me senté en la hamaca a disfrutar de la esplendida noche.

Al voltear la calle, un hombre desganado y dándo tumbos por la calle con su botella de alcohol en la mano y con una guitarra en la otra me despertó la curiosidad. Un hombre vestido de traje negro, afeitado, galán, pero con bastantes problemas en su vida para poder aparentar que tras su traje de fiesta solo le queda mas que apretar. Apretar las manos para que no le caiga la vida y pueda volver a casa, aunque sea con su botella de Ron...

No fue lo único que me despertó curiosidad, a lo lejos un vehículo se acercaba, reducía velocidad, paraba y finalmente bajaba del coche.
Cerramos los ojos e inmediatamente vemos a través de sus ojos, sentimos dolor, pena, angustia, sufrimiento...


En mi borrachera me perdí y levanté mi guitarra sin saber, una lucecita verde vi venir y aunque todo me daba vueltas para leer, las cuatro letras de la palabra 'Taxi', leí.

Me ayudó a montarme aquel señor cuyo nombre era Gabriel y me preguntó dónde queria ir. Traigo vacía la cartera, le dije. En la calle borrachera del barrio de la tajá, tiene su casa y su puerta para poderse usted bajar.
¿Cómo puede usted montarme sin conocerme de ná?, a lo que me contestó, tócame algo compadre que yo te voy a cantar.

A la noche siguiente, en mi bar de copas se paró, yo estaba barriendo para cerrar. Es el asiento tu cama, el volante la almohada donde das la 'cabezá' y partes en dos la madrugada cuando ya no puedes más.
Trabajando noche y día reunes todo el jornal y por esa cartera vacía te pueden rotar dos puñaladas.

Él, indiferente y totalmente despreocupado me contesta 'Taxista era mi padre y nadie me va a cambiar por un pedazo de pan, maldita sean las navajas que rompen la madrugá'.

En mi taxi soy el caracol que lleva la casa donde va, llevo en el salpicadero mi radio, mi monedero y por todo mi capital retratos de los que yo mas quiero, ya no necesito más. Cuantas historias en ese asiento de atrás, de eso se mas que nadie y no me acuerdo de ná.
Ya llega la última carrera al llegar al amanecer, y si él volviera a nacer, diez veces que él naciera sería taxista otra vez.

En vez de dos copas que sean tres, en su soledad me contó que una mujer parturienta una noche de tormenta en el taxi le parió y cada vez que lo cuenta vuelve a llorar de emoción.
Una por todos los taxistas que ésta la pago yo, todo el mundo te necesita ¡qué bonita profesión!

Gracias amigo Gabriel el taxista, a ti y a todos los demás, yo nunca voy a olvidar que me entregaste la vida sin conocerme de ná.

sábado, 17 de septiembre de 2011

El viejo barrendero


He visto a las 3 de la tarde, cuando más calor hacía un pobre barrendero barrer mi calle, y qué grande corazón tienen las personas que menos tienen.

Eran las 7 de la mañana, se escuchaba el restregeo de su escobita de ramas, era otoño y barría las hojas sueltas, no cabía una hoja en la puerta y olía a café. Las cosas están para el que se las encuentra y aquello estaba para él.
Y de pronto vaciando las hojas le da escalofrío el llanto de un crío y rompe el silencio del contenedor, en sus brazos le dio cobijo y aquel barrendero esta nana cantó:
”Hija tu no me llores por un besito que donde comen tres también comen cuatro, mientras haya una escoba no va a faltarte un vestidito nuevo y unos zapatos”

- Abre la puerta María que la desgracia a parido y está la mañana fría.
¿Que razones tendría para abandonarla y no abrazarla ni amamantarla? ¿Dios mío porque este lindo milagro a caído en mi casa?
-¡María que guapa es!- y María la coge en sus brazos, la alumbra una estrella- Quédate con ella y la sacas para adelante con los otros tres.
- No tendrás sabanitas de seda pero tu madre buena para siempre seré.

Tuya será la llama de esta candela, que yo te voy a poner Carmen por tu abuela y mentiré como sea para no perderte, que nadie te devuelva tu mala suerte.

María miente por arrobas y le dice a los doctores que había parido sola.
- Como usted ha pario no pare nadie.
- Así ha parido diez veces mi madre.
- Tranquila mujer, me recuerda usted a las mujeres de antes - y le firmaba el papel.
Y aquel hombre en la sala de espera, empalmando cigarros y María salió más risueña que las otras tres veces que María parió.
- La otra noche María estuve soñando que de blanco vestía, se estaba casando. Que bonita iba mi niña, el racimo mas lindo de mi vendimia.

Se hablan con la mirada cuando llaman a la puerta. Si viniera la madre de la criatura quien va a contarle aquella locura y tener que escoger la que te ha parido y te tiró a la basura o la que te dio su querer.
Y lo sabe su padre y su madre, el carro, las hojas, la gorra, la escoba, la acera, la calle y el contenedor, y lo sabe el verso y la nana que aquel barrendero un día cantó:
”Hija tu no me llores por un besito que donde comen tres también comen cuatro mientras haya una escoba no va a faltarte un vestidito nuevo y unos zapatos”